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Epigram – «Obsolescent»

(English Below)

Desde las entrañas de Los Ángeles, California, Luis Echevarria ha estado operando en las sombras desde 2017. Su proyecto, Epigram, nos dejó un aperitivo agridulce con el EP «Shadows», una obra que, curiosamente, profetizaba una epidemia global antes de que el mundo real supiera lo que era el COVID-2020. Ahora, en marzo de 2026, regresa con «Obsolescent», una obra de blackened melodic death metal que no solo expande aquel universo distópico, sino que lo pulveriza con una producción de clase mundial y una narrativa que hiela la sangre.

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Preparaos, porque esto no es solo música; es el sonido de una civilización que decide dejar de ser obediente.


Ficha Técnica

  • Artista: Epigram

  • Álbum: «Obsolescent»

  • Sello: Independiente / Edición Limitada en CD

  • Fecha de lanzamiento: 6 de marzo de 2026

  • Género: Blackened Symphonic Death Metal / Melodic Death Metal

  • Para fans de: Fleshgod Apocalypse, Hour of Penance, Dimmu Borgir, Behemoth, Old Man’s Child.

Si algo he aprendido tras cubrir la escena extrema durante más de veinte años, es que el tiempo es el mejor aliado de la composición. En una era donde las bandas lanzan contenido cada seis meses para no ser olvidadas por el algoritmo, Luis Echevarria ha hecho lo opuesto. Ha esperado casi una década para dar continuidad a la historia que inició en el EP «Shadows». Y la espera, damas y caballeros, ha valido cada maldito segundo.

«Obsolescent» es un álbum conceptual ambicioso que nos sitúa cien años después de los eventos de la plaga original. Recordemos el contexto: un virus barrió al 90% de la humanidad. En ese vacío de poder, surgió una autocracia brutal, un régimen totalitario que se hizo con el control de los recursos y de la voluntad humana bajo la excusa de la supervivencia. Pero el título del álbum ya nos da la clave: lo que una vez fue el «nuevo orden» se ha vuelto obsoleto. Las élites están a punto de descubrir que el hambre de libertad de la clase baja es más letal que cualquier virus.

Lo primero que te golpea al escuchar «Myrmidon», el tema de apertura, no es solo la agresividad, sino la claridad cristalina de la violencia. Para este debut, Echevarria ha jugado sus cartas con una inteligencia suprema al confiar la mezcla y el masterizado a Dave Otero en Flatline Audio.

Como cronista, he analizado cientos de discos que pasaron por las manos de Otero (Archspire, Cattle Decapitation, Allegaeon), y su sello es inconfundible. Otero tiene la capacidad única de hacer que un disco de death metal técnico y orquestal suene masivo sin perder la definición. En «Obsolescent», las guitarras tienen un filo que corta, mientras que la batería de Mikey Wilson —quien también aporta voces adicionales— suena como una batería de artillería pesada en medio de un campo de batalla. La grabación adicional de Ape Gabriel termina de pulir una producción que se siente cara, profesional y aterradoramente real.

Visualmente, el álbum ya nos prepara para el asalto. Contar con Pär Olofsson para el arte de portada es el equivalente a tener a un maestro renacentista pintando el apocalipsis. Olofsson, un fijo en mi estantería de CDs por sus trabajos para Immolation y Spawn of Possession, ha plasmado perfectamente esa transición del régimen: la opresión industrial frente al estallido revolucionario. La fotografía de Alejandro Echevarria complementa esta estética, otorgándole al proyecto una cohesión visual que muchas bandas firmadas por grandes sellos ya desearían.

Musicalmente, el disco es un torbellino. No es simplemente death metal melódico. Es «blackened» en su intención y «symphonic» en su ejecución. La influencia de los primeros Dimmu Borgir o el Old Man’s Child de la época de Galder está ahí, pero filtrada por una agresividad técnica que nos recuerda a Hour of Penance.

El álbum se abre con «Myrmidon», una declaración de guerra. La velocidad es implacable, pero son las texturas orquestales las que elevan el tema a algo más que un simple ejercicio de velocidad. Es el sonido de los engranajes de la autocracia empezando a chirriar.

El segundo corte, «Wrath of Betrayed», es donde empezamos a notar que este disco juega en otra liga. Aquí aparece el primero de los dos solos invitados del coloso Sanjay Kumar (Inferi, Wormhole). Kumar es, en mi opinión, uno de los guitarristas más brillantes de la escena actual, y su aporte en este tema es oro puro. Su solo no es solo una demostración de shred técnico; es melódico, fluido y refuerza la narrativa de la «ira de los traicionados». La batería de Mikey Wilson aquí es sencillamente sobrenatural.

En «Hour of Gods», Epigram explora su faceta más épica. Hay una solemnidad oscura que impregna el tema, recordándonos que los tiranos a menudo se creen deidades. Las voces de Echevarria transitan entre el growl profundo y un raspy más cercano al black metal, dándole una versatilidad que mantiene al oyente en vilo.

Llegamos a «No Sin», donde Sanjay Kumar vuelve a hacer acto de presencia. Es, quizás, el tema más equilibrado del álbum. La melodía es pegadiza pero sombría, y el solo de Kumar se siente como un rayo de luz en medio de la tormenta distópica. Hay una sección intermedia donde las orquestaciones toman el mando, creando una atmósfera de tensión cinematográfica que nos prepara para el asalto final.

«Empires» y «The Usurper’s Throne» funcionan como el núcleo de la insurrección. En estos temas, el componente de blackened death metal se acentúa. Los riffs son más gélidos, la velocidad aumenta y la sensación de caos controlado es total. «The Usurper’s Throne» es especialmente disfrutable por sus cambios de ritmo y su capacidad para evocar la caída de un trono construido sobre cadáveres.

El disco encara su recta final con «Necro Sun», una pieza que parece describir el amanecer después de la batalla final. Es densa, oscura y cargada de una melancolía que solo el mejor melodeath puede transmitir. Finalmente, «Maelstrom» cierra la obra con una tormenta sónica que resume todo lo que es Epigram: técnica, emoción y una visión clara de un futuro que esperamos nunca vivir.

Tras veinte años analizando música, uno aprende a no regalar elogios. Pero lo que Luis Echevarria ha logrado con «Obsolescent» es digno de estudio. Ha sabido rodearse de los mejores (Dave Otero, Pär Olofsson, Sanjay Kumar, Mikey Wilson) para dar vida a una visión que es tan personal como universal.

Puntuación: 9.8 / 10

El disco no solo es un triunfo técnico; es un triunfo del storytelling en el metal extremo. Lograr que un álbum de 28-30 minutos se sienta tan vasto y completo como una ópera de una hora es una proeza. Epigram ha pasado de ser un proyecto de culto a convertirse en una fuerza dominante que debería estar en el radar de cualquier fan de la brutalidad orquestada.

La autocracia ha caído. El régimen es obsoleto. Pero la música de Epigram está aquí para quedarse.

Track List

  • «Myrmidon»

  • «Wrath of Betrayed» (feat. Sanjay Kumar)

  • «Hour of Gods»

  • «No Sin» (feat. Sanjay Kumar)

  • «Empires»

  • «The Usurper’s Throne»

  • «Necro Sun»

  • «Maelstrom»

Formación

  • Luis Echevarria – Composición, Guitarras, Bajo, Voces, Orquestación y Producción.

  • Mikey Wilson – Batería y voces adicionales.

  • Sanjay Kumar (Invitado) – Solos de guitarra en «No Sin» y «Wrath of Betrayed».

  • Ape Gabriel: Grabación adicional.

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If there is one thing I’ve learned after covering the extreme scene for over twenty years, it’s that time is a composer’s best ally. In an era where bands drop content every six months just to avoid being forgotten by the algorithm, Luis Echevarria has done the opposite. He has waited nearly a decade to continue the story he began with the EP «Shadows». And the wait, ladies and gentlemen, has been worth every damn second.

«Obsolescent» is an ambitious concept album that places us a hundred years after the events of the original plague. Let’s remember the context: a virus wiped out 90% of humanity. In that power vacuum, a brutal autocracy emerged—a totalitarian regime that seized control of resources and human will under the guise of survival. But the album title already gives us the key: what was once the «new order» has become obsolete. The elites are about to discover that the lower class’s hunger for freedom is more lethal than any virus.

The first thing that hits you when listening to «Myrmidon», the opening track, is not just the aggression, but the crystal-clear clarity of the violence. For this debut, Echevarria played his cards with supreme intelligence by entrusting the mixing and mastering to Dave Otero at Flatline Audio.

As a chronicler, I have analyzed hundreds of records that passed through Otero’s hands (Archspire, Cattle Decapitation, Allegaeon), and his hallmark is unmistakable. Otero has the unique ability to make a technical and orchestral death metal album sound massive without losing definition. On «Obsolescent», the guitars have an edge that cuts, while Mikey Wilson’s drumming—who also provides additional vocals—sounds like heavy artillery in the middle of a battlefield. Additional recording by Ape Gabriel adds the final polish to a production that feels expensive, professional, and terrifyingly real.

Visually, the album already prepares us for the assault. Having Pär Olofsson for the cover art is the equivalent of having a Renaissance master painting the apocalypse. Olofsson, a staple on my CD shelf for his work with Immolation and Spawn of Possession, has perfectly captured the regime’s transition: industrial oppression meeting a revolutionary outburst. Photography by Alejandro Echevarria complements this aesthetic, granting the project a visual cohesion that many bands signed to major labels would envy.

Musically, the record is a whirlwind. It isn’t simply melodic death metal; it is «blackened» in intent and «symphonic» in execution. The influence of early Dimmu Borgir or Galder-era Old Man’s Child is there, but filtered through a technical aggression reminiscent of Hour of Penance.

The album opens with «Myrmidon», a declaration of war. The speed is relentless, but it is the orchestral textures that elevate the track into something more than a mere exercise in velocity. It is the sound of the autocracy’s gears beginning to grind.

The second cut, «Wrath of Betrayed», is where we start to realize this album is playing in a different league. Here we see the first of two guest solos by the colossus Sanjay Kumar (Inferi, Wormhole). Kumar is, in my opinion, one of the most brilliant guitarists on the current scene, and his contribution to this track is pure gold. His solo isn’t just a display of technical shred; it is melodic, fluid, and reinforces the narrative of the «wrath of the betrayed.» Mikey Wilson’s drumming here is simply supernatural.

In «Hour of Gods», Epigram explores its most epic facet. A dark solemnity permeates the track, reminding us that tyrants often believe themselves to be deities. Echevarria’s vocals transition between deep growls and a raspy black metal delivery, providing a versatility that keeps the listener on edge.

We reach «No Sin», where Sanjay Kumar makes his appearance once again. It is, perhaps, the most balanced track on the album. The melody is catchy yet somber, and Kumar’s solo feels like a ray of light in the middle of a dystopian storm. There is a middle section where the orchestrations take command, creating an atmosphere of cinematic tension that prepares us for the final assault.

«Empires» and «The Usurper’s Throne» function as the core of the insurrection. In these tracks, the blackened death metal component is accentuated. The riffs are frostier, the speed increases, and the sense of controlled chaos is total. «The Usurper’s Throne» is especially enjoyable for its rhythmic shifts and its ability to evoke the fall of a throne built upon corpses.

The record heads into its final stretch with «Necro Sun», a piece that seems to describe the dawn after the final battle. It is dense, dark, and loaded with a melancholy that only the best melodeath can convey. Finally, «Maelstrom» closes the work with a sonic storm that summarizes everything Epigram is: technique, emotion, and a clear vision of a future we hope never to live through.

After twenty years of analyzing music, one learns not to give away praise for free. But what Luis Echevarria has achieved with «Obsolescent» is worthy of study. He knew how to surround himself with the best (Otero, Olofsson, Kumar, Wilson) to bring a vision to life that is as personal as it is universal.

Score: 9.8 / 10

The album is not just a technical triumph; it is a triumph of storytelling in extreme metal. Making a 28–30 minute album feel as vast and complete as a one-hour opera is a feat. Epigram has gone from being a cult project to becoming a dominant force that should be on the radar of any fan of orchestrated brutality.

The autocracy has fallen. The regime is obsolete. But Epigram’s music is here to stay.

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