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Grond – «The Temple»

(English Below)

Hay bandas que nacen con la urgencia de un fuego fatuo y se apagan antes de que puedas aprenderte el nombre del batería. Pero luego están las otras. Las que saben esperar. Las que comprenden que el verdadero Death Metal no es solo una cuestión de velocidad o de distorsión, sino de peso. Un peso físico, atmosférico, que te oprime los pulmones como si estuvieras a mil metros bajo la superficie del mar.

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Hoy, mientras las luces de mi estudio parpadean y el café se enfría en la mesa, me enfrento a uno de esos regresos que justifican mi pasión por este género. Han pasado diez años – una vida entera en términos de la industria musical actual – desde que los rusos Grond nos arrastraran a las profundidades con «Worship The Kraken». Desde entonces, el silencio. Un silencio sepulcral solo roto por un split en 2019 que apenas sirvió para mantener la llama viva. Pero la espera ha terminado. Xtreem Music, el sello del infatigable Dave Rotten que siempre ha tenido un olfato quirúrgico para lo mejor del underground, nos trae «The Temple».

Y permitidme que os lo diga desde la primera línea: este no es solo un disco de Death Metal. Es una inmersión sin escafandra en la locura.


Ficha Técnica

  • Artista: Grond

  • Álbum: «The Temple»

  • Sello: Xtreem Music

  • Fecha de lanzamiento: 30 de abril de 2026

  • Género: Death Metal / Abyssal Death Metal

  • Para fans de: Bolt Thrower, Morbid Angel, Asphyx, Sulphur Aeon, Grave.

Hay una cita de H.P. Lovecraft en su relato «The Temple» que sirve de pórtico a este álbum y que resume perfectamente lo que estamos a punto de experimentar: «Ni la edad ni la sumersión han corroído la prístina grandeza de este espantoso santuario… hoy, después de miles de años, descansa intacto e inviolado en la noche eterna y el silencio de un abismo oceánico». Esa sensación de antigüedad corrupta, de algo que es más grande y viejo que la humanidad misma, es el motor que mueve la maquinaria de Grond en 2026.

Lo que hace que «The Temple» sea una obra maestra no es solo su agresividad, sino su ambición conceptual. Mezclar la figura histórica de Otto Eduard Weddigen, el condecorado comandante de submarinos alemán de la Primera Guerra Mundial, con el horror cósmico de Lovecraft, es un movimiento de genio. El disco es una analogía perfecta: la claustrofobia de un U-boat de acero remachado, el olor a gasóleo y miedo, y la sospecha de que, bajo la quilla, algo gigantesco y sin nombre nos observa desde el lodo del Fanerozoico.

Desde que «Rotter Himmel» rompe el silencio, percibes que el sonido ha evolucionado. La producción es masiva, pero no artificial. El bajo de Sarghas tiene una cualidad tectónica; no solo se escucha, se siente en el plexo solar, como el motor de un sumergible vibrando en la oscuridad. Pero es la voz de Kist, miembro fundador, la que realmente actúa como el ancla de este barco fantasma. Su rugido ha madurado hasta convertirse en algo que parece emanar de una garganta llena de agua salada y arena. No es un growl genérico; es el lamento de una criatura abisal.

Las guitarras de Void merecen un capítulo aparte. En este género, muchos guitarristas se limitan a copiar los patrones de los años 90 sin entender por qué funcionaban. Void, sin embargo, utiliza las seis cuerdas para pintar paisajes. En «Weddigen», los riffs son marciales, pesados, rindiendo un homenaje implícito a la cadencia de Bolt Thrower, pero con un barniz de desesperación que es puramente Grond. La transición hacia «Pour Le Merite» es soberbia. Aquí, el trabajo de las guitarras solistas empieza a brillar con una luz mortecina, conjurando una atmósfera de horror claustrofóbico que te hace mirar por encima del hombro.

Si algo he aprendido en estas décadas es a distinguir un disco de canciones sueltas de un álbum de verdad. «The Temple» es lo segundo. «U-29» es, quizás, el corazón emocional del disco. Sus melodías son extrañas, líquidas, casi parecen distorsionarse por la presión del agua. Hay una locura latente en este tema, una psicodelia oscura que me recuerda a los mejores momentos de Morbid Angel, pero traída al terreno de los naufragios.

«Dreadnought» es puro fuego y humo. Aquí la batería de Kadath se desata. Su pegada es devastadora, pero sabe cuándo dejar espacio para que el aire se vuelva denso. Es un tema que evoca el choque de titanes de acero en la superficie, mientras nosotros, el oyente, seguimos descendiendo.

A mitad del camino nos encontramos con «Submergence» y «Radiant Fury». En esta última, el caos parece apoderarse de la estructura, reflejando la pérdida de cordura de los protagonistas del concepto. Es un caos controlado, una tormenta de arena en el fondo del mar que se resuelve en secuencias de acordes absolutamente satisfactorias, de esas que te obligan a cerrar los ojos y asentir con la cabeza, reconociendo la maestría de la composición.

El tema título, «The Temple», es una monstruosidad en el mejor sentido de la palabra. Es regia, violenta y lánguida a la vez. Captura perfectamente ese momento del relato de Lovecraft en el que el protagonista descubre el templo sumergido y comprende que su destino está sellado. Y para cerrar, «Dark Solitude Of The Sea». Qué manera de terminar. Es una elegía de casi siete minutos que recoge todos los hilos – la locura, la soledad, el misticismo – y los ahoga en un océano de riffs suntuosos y melodías que te persiguen mucho después de que el disco se detenga.

La portada de Daemorph es el envoltorio perfecto. Refleja esa «furia radiante» y esa soledad oscura que mencionaba antes. Si te consideras fan del metal extremo y no te dejas arrastrar por este templo, es que ya estás muerto por dentro. Grond ha vuelto, y lo ha hecho para recordarnos que el abismo no es un lugar, sino un estado mental.

Puntuación: 9.5 / 10

¿Por qué le doy esta puntuación? No es por nostalgia de los 90, ni por afinidad con el sello. Es porque en 2026, encontrar un disco de Death Metal que tenga una visión artística tan clara, una ejecución técnica tan impecable y, sobre todo, una atmósfera tan absorbente, es un milagro. Grond ha evitado todas las trampas del género: no son aburridos, no son una copia de otro y no han perdido la fuerza a pesar de la década de silencio.

Tracklist

  • «Rotter Himmel»

  • «Weddigen»

  • «Pour Le Merite»

  • «U-29»

  • «Dreadnought»

  • «Submergence»

  • «Radiant Fury»

  • «The Temple»

  • «Dark Solitude Of The Sea»

Formación

  • Kist: Voces.

  • Void: Guitarra.

  • Sarghas: Bajo.

  • Kadath: Batería.

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There is a quote by H.P. Lovecraft from his story «The Temple» that serves as the gateway to this album and perfectly summarizes what we are about to experience: «Neither age nor submersion has corroded the pristine grandeur of that frightful shrine… today, after thousands of years, it rests intact and inviolate in the eternal night and silence of an ocean abyss.» That sense of corrupted antiquity, of something larger and older than humanity itself, is the engine driving Grond’s machinery in 2026.

What makes «The Temple» a masterpiece is not just its aggression, but its conceptual ambition. Blending the historical figure of Otto Eduard Weddigen—the decorated German U-boat commander from World War I—with Lovecraftian cosmic horror is a stroke of genius. The album is a perfect analogy: the claustrophobia of a riveted steel U-boat, the smell of diesel and fear, and the suspicion that beneath the keel, something gargantuan and nameless is watching us from the Phanerozoic sludge.

From the moment «Rotter Himmel» breaks the silence, you perceive that the sound has evolved. The production is massive, yet not artificial. Sarghas’s bass has a tectonic quality; you don’t just hear it, you feel it in your solar plexus, like the engine of a submersible vibrating in the darkness. But it is the voice of Kist, a founding member, that truly acts as the anchor for this ghost ship. His roar has matured into something that seems to emanate from a throat filled with saltwater and sand. This is no generic growl; it is the lament of an abyssal creature.

The guitars by Void deserve a chapter of their own. In this genre, many guitarists limit themselves to copying 90s patterns without understanding why they worked. Void, however, uses the six strings to paint landscapes. In «Weddigen», the riffs are martial and heavy, paying an implicit tribute to the cadence of Bolt Thrower, but with a varnish of desperation that is purely Grond. The transition into «Pour Le Merite» is superb. Here, the lead guitar work begins to shine with a deathly light, conjuring an atmosphere of claustrophobic horror that makes you look over your shoulder.

If I’ve learned anything in these decades, it’s how to distinguish a collection of random songs from a true album. «The Temple» is the latter. «U-29» is, perhaps, the emotional heart of the record. Its melodies are strange and liquid, almost seeming to distort under water pressure. There is a latent madness in this track, a dark psychedelia reminiscent of Morbid Angel’s finest moments, but brought into the realm of shipwrecks.

«Dreadnought» is pure fire and smoke. Here, Kadath’s drumming is unleashed. His strike is devastating, yet he knows when to leave space for the air to grow thick. It’s a track that evokes the clash of steel titans on the surface, while we, the listeners, continue our descent.

Midway through, we encounter «Submergence» and «Radiant Fury». In the latter, chaos seems to overtake the structure, reflecting the loss of sanity of the concept’s protagonists. It is a controlled chaos—a sandstorm at the bottom of the sea that resolves into absolutely satisfying chord sequences, the kind that force you to close your eyes and nod, recognizing the mastery of the composition.

The title track, «The Temple», is a monstrosity in the best sense of the word. It is regal, violent, and languid all at once. It perfectly captures that moment in Lovecraft‘s tale when the protagonist discovers the submerged temple and realizes his fate is sealed. And to close, «Dark Solitude Of The Sea». What a way to end. It is a nearly seven-minute elegy that gathers all the threads—madness, solitude, mysticism—and drowns them in an ocean of sumptuous riffs and haunting melodies.

The artwork by Daemorph is the perfect wrapping. It reflects that «radiant fury» and the dark solitude mentioned before. If you consider yourself a fan of extreme metal and you don’t let yourself be dragged down by this temple, you are already dead inside. Grond has returned, and they have done so to remind us that the abyss is not a place, but a state of mind.

Score: 9.5 / 10

Why this score? It’s not out of 90s nostalgia or affinity with the label. It’s because in 2026, finding a Death Metal album with such a clear artistic vision, impeccable technical execution, and, above all, such an absorbing atmosphere, is a miracle. Grond has avoided every trap of the genre: they aren’t boring, they aren’t a copycat, and they haven’t lost their strength despite a decade of silence.

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