Analizamos el documental ‘Blackcelona: Una historia de metal satánico’, dirigido por Diego López-Fernández. Una pieza audiovisual clave que reconstruye la eclosión del metal extremo en Cataluña y que en Atanathos vivimos en primera persona desde 1999.
Dirigido por Diego López-Fernández (Pecker Audiovisuales) y con una duración de 96 minutos, Blackcelona: Una historia de metal satánico es un riguroso ejercicio de memoria histórica musical. La película no se limita a repasar nombres de bandas de forma superficial, sino que articula un viaje cronológico que examina cómo el black metal echó raíces en territorio catalán a lo largo de los noventa y los primeros años dos mil.
A través de un metraje repleto de material de archivo inédito, maquetas rescatadas de colecciones privadas y testimonios de primera mano, la cinta reconstruye las dinámicas sociales, culturales y creativas de una escena que floreció al margen de la industria musical convencional.
La semilla en la penumbra: Una escena que desafió a su tiempo
Hablar de los años 90 en la península es evocar una época de transición, de búsqueda y, sobre todo, de un circuito underground que se abría paso a zarpazos. Mientras en los fiordos noruegos el black metal ardía de forma literal y copaba los titulares de la prensa sensacionalista internacional, en las calles de España se gestaba un fenómeno más silencioso, pero igualmente visceral.
El documental Blackcelona: Una historia de metal satánico rescata del olvido esa masa crítica de jóvenes que, armados con cassettes intercambiados por correo postal (tape-trading), guitarras desafinadas y una devoción inquebrantable por la oscuridad, decidieron que Cataluña también tenía su propio capítulo escrito en letras de fuego.
Las voces y bandas protagonistas
El hilo conductor del metraje se nutre de las vivencias de músicos, promotores, periodistas y activistas de la escena. Nombres como Akerbeltz Mercyless, Daniel Rubí o Ramón Porta —junto a integrantes de agrupaciones clave del black metal catalán— despiezan el esfuerzo que suponía ensayar en locales precarios, conseguir equipo de sonido adecuado y defender una propuesta estética y lírica radical en una época sin redes sociales.
El documental plasma cómo se combinaba la frialdad e imaginería escandinava con una personalidad lírica propia, abordando desde temas anticristianos y paganos hasta pasajes de mitología e historia local.
Atanathos: Haciendo ruido desde 1999
Para nosotros, ver reflejada en la gran pantalla esta infraestructura no es teoría: es nuestra propia biografía. Cuando lanzamos Atanathos en 1999, muchas de estas salas aún albergaban conciertos históricos y las maquetas en cassette que cita el documental llegaban a nuestro buzón en sobre acolchado para ser reseñadas en la web.

Quienes vivimos aquella época recordamos la emoción casi mística de recibir los paquetes envueltos en papel de estraza, impregnados del olor a humedad de los fanzines fotocopiados. Comprar discos de bandas locales como Agrum, Obsidian, Asgaroth o los pioneros Foscor requería acudir a tiendas de culto como la añorada Repulse Records, o enviar giros postales a sellos independientes que operaban desde dormitorios particulares.

El documental captura con maestría esa artesanía: la estética del DIY (Do It Yourself), las maquetas grabadas en pletinas de cuatro pistas donde el siseo de la cinta era parte del encanto, y la meticulosa caligrafía con la que se rotulaban los títulos de los temas en las carátulas fotocopiadas en blanco y negro.
Un documento indispensable para la historia del Metal Extremo
Blackcelona: Una historia de metal satánico es mucho más que un ejercicio de nostalgia: es un documento sociológico y cultural de valor incalculable para entender el origen del metal extremo en la Península Ibérica. Un homenaje a quienes dedicaron su juventud a mantener encendida la llama del black metal sin buscar el éxito comercial ni el reconocimiento masivo.
Desde Atanathos, recomendamos encarecidamente el visionado de este documental a cualquier seguidor del género que desee conocer los cimientos de la escena sobre la que hoy se asienta el metal extremo nacional.




