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He visto el auge del sonido de Gotemburgo, la caída de las grandes producciones de los 90 y el retorno cíclico a la mugre y el odio que solo el underground sabe cocinar con honestidad. Hay una sensación particular, un hormigueo en la nuca que solo aparece cuando te topas con un disco que no intenta ser «el siguiente gran paso», sino que busca pisotear el presente con las botas llenas de barro de los clásicos. Eso es lo que he sentido al pinchar por primera vez «The Bloodline of Bram», el esperado debut de larga duración de los estadounidenses Dragsholm.
Ficha Técnica
Artista: Dragsholm
Álbum: «The Bloodline of Bram»
Sello: Por anunciar / Independiente (Lanzamiento oficial)
Fecha de lanzamiento: 20 de marzo de 2026
Género: Blackened Death Metal
Para fans de: Archgoat, Morbid Angel, Deicide, Belphegor, Immortal, Dissection, Mayhem.
New Jersey no es precisamente el lugar donde uno esperaría encontrar una conexión mística con la aristocracia del terror europeo. Sin embargo, el metal siempre ha sido un puente hacia los rincones más oscuros de la historia y el mito. Nombrados en honor al castillo de Dragsholm en Dinamarca – famoso por ser una de las edificaciones más encantadas del viejo continente -, esta banda comenzó su andadura en 2017 como el proyecto personal de un visionario que se hace llamar Vlad Rituals. Durante años, Vlad fue el único habitante de esta fortaleza sonora, destilando una visión de blackened death que se sentía solitaria, gélida y profundamente arraigada en la literatura gótica. No fue hasta 2023 cuando la muralla se completó con la llegada de G.B. tras los parches, y el asalto de guitarras de Schleim y Gravelord. Lo que tenemos hoy entre manos es el resultado de esa consolidación: una bestia de cuatro cabezas que respira el mismo aire viciado que Bram Stoker imaginó para su inmortal conde.
Desde la primera escucha, queda claro que Vlad Rituals no ha pasado estos años perdiendo el tiempo. La transición de un one-man project a una banda completa suele ser un terreno pantanoso; muchos músicos pierden el control de su visión original o, por el contrario, asfixian la creatividad de sus nuevos compañeros. En «The Bloodline of Bram», se percibe un equilibrio. Vlad sigue siendo el corazón ideológico – encargándose de las voces, parte de las guitarras y el bajo -, pero la entrada de G.B., Schleim y Gravelord ha dotado a la música de una tridimensionalidad física que los trabajos anteriores solo insinuaban.
El concepto del álbum no es un secreto: es una oda al legado de Vlad Tepes y la reinterpretación literaria de Stoker. Pero cuidado, no estamos ante una narración romántica o «hollywoodiense». Dragsholm aborda el mito de Drácula desde la perspectiva del ocultismo y la depravación. La música aquí no acompaña a la historia; la música es el proceso de descomposición y ascenso de un ser que ha renunciado a su humanidad.
El álbum se abre con «Irinas Heart», una pieza que establece de inmediato las reglas del juego. No hay introducciones ambientales innecesarias de tres minutos. Aquí hay una bofetada de velocidad ennegrecida que recuerda a los momentos más furiosos de Belphegor. La producción es cruda, pero no barata; tiene ese brillo metálico y cortante que permite que cada nota del trémolo picking se sienta como una incisión. La voz de Vlad emerge como un lamento desde el fondo de una cripta, recordándonos que el blackened death no se trata solo de gritar, sino de conjurar.
Le sigue «The Wandering Relic», un tema que muestra la influencia directa de la escuela de Florida, específicamente de los primeros Morbid Angel. El groove aquí es más denso, el bajo de Vlad tiene un peso específico que hace vibrar el esternón. Es una canción que camina entre la rapidez del black metal y la pesadez aplastante del death metal tradicional. La química entre las guitarras de Schleim y Gravelord es evidente en los ataques rítmicos, sincronizados como una máquina de asedio.
En «I Am The Impaler», la banda abraza su lado más visceral. Es una pista corta, violenta y directa a la yugular. Es aquí donde G.B. demuestra por qué su incorporación fue vital. Su trabajo en la batería es una «rhythm machine» incesante que no solo marca el paso, sino que empuja la canción hacia un abismo de agresividad que haría sonreír a los miembros de Deicide.
Llegamos a «A Coffin Unscathed», y aquí es donde la atmósfera se vuelve realmente densa. Hay pasajes que rozan lo moroso, creando una sensación de claustrofobia que encaja perfectamente con el título. La banda se toma su tiempo para construir una tensión que estalla en una sección media de puro speedblackened. Es un ejercicio de dinámica que demuestra que Dragsholm no solo sabe tocar rápido, sino que entiende el valor del silencio y la pesadez.
«A Kingdom In The Land Of Shadows» actúa como el pilar central del álbum. Es un tema épico en su oscuridad. Las influencias de Dissection y Immortal son más palpables aquí, especialmente en las melodías gélidas que flotan sobre la base rítmica. Hay una majestuosidad maligna en esta canción, una representación sonora de un reino que ha olvidado la luz del sol. Es, posiblemente, el momento más «black metal» del disco, y donde la producción masterizada por Vlad Rituals brilla con una intensidad gélida.
Continuamos el descenso con «Battling Through The Storm Lands». El título no miente; la canción suena a batalla. Los riffs son belicosos y el caos está controlado pero siempre presente. Hay un sentimiento de urgencia, de huida a través de páramos desolados, que mantiene al oyente en vilo. La transición hacia «Crosses Drowned In Blood» es casi imperceptible, creando un bloque de horror ininterrumpido. En esta penúltima pista, Dragsholm vuelve a sus raíces más crudas, con pasajes de un death metal bludgeoning que recuerda a Archgoat por su crudeza y falta de pretensión.
El álbum cierra con «Thorns For Mina». Es un final agónico y perfecto. La figura de Mina Harker es tratada aquí con una crueldad poética que se refleja en la música. Es un tema que se desvanece lentamente, dejándote con un sabor amargo en la boca y la necesidad de volver a empezar el viaje. El eco de las voces finales es una de las cosas más inquietantes que he escuchado este año.
Después de décadas analizando bandas de este calibre, uno aprende a valorar la «intención» detrás de una grabación. «The Bloodline of Bram» no suena como un disco grabado en una habitación con un portátil, pero tampoco tiene la limpieza estéril de las grandes producciones modernas que quitan toda el alma a la música extrema. Dragsholm ha conseguido capturar un sonido que yo llamaría «orgánicamente putrefacto».
Las guitarras tienen un tono ácido y cortante, cortesía de la combinación entre Schleim, Gravelord y el propio Vlad. Los solos no son demostraciones gratuitas de virtuosismo; son lamentos disonantes que añaden una capa de malestar a la estructura de las canciones. El bajo, a menudo el gran olvidado en este género, aquí tiene una presencia fundamental, otorgando esa base de «death metal» que evita que el disco suene demasiado volátil o etéreo.
Pero si hay algo que destaca por encima de todo es la cohesión. Al escuchar el álbum, no sientes que estás ante una recopilación de canciones, sino ante una obra conceptual sólida. El hilo conductor no son solo las letras sobre Dracula y el ocultismo, sino la atmósfera persistente de desesperación y triunfo maligno.
En 2026, la escena del blackened death metal está más saturada que nunca. Hay miles de bandas intentando sonar como Behemoth o Belphegor. Dragsholm, sin embargo, ha elegido un camino más difícil: mirar hacia atrás para avanzar. Han tomado la crudeza del black metal de la segunda ola y la han fundido con la brutalidad técnica del death metal de principios de los 90.
¿Es un disco perfecto? Quizás no para aquellos que buscan producciones cristalinas o experimentaciones vanguardistas. Pero para el fan que añora la sensación de peligro que transmitían los primeros discos de Mayhem o la precisión infernal de Deicide, este álbum es un regalo caído (o ascendido) del cielo. La autenticidad que destila Vlad Rituals en cada gutural es innegable. Se nota que este no es un producto diseñado para un mercado, sino una visión personal que finalmente ha encontrado los aliados adecuados para manifestarse.
El hecho de haber elegido una temática tan clásica como Drácula y haberla hecho sonar fresca y aterradora de nuevo es un logro que no debe subestimarse. No es solo un homenaje a Bram Stoker; es una continuación de su legado a través de la violencia sonora.
Puntuación: 8.9 / 10
Es un debut sobresaliente que pone a New Jersey en el mapa del metal más oscuro y visceral de esta década. Si este es el comienzo de la banda como unidad completa, el futuro (o la falta de él) se presenta gloriosamente sombrío.
Tracklist
«Irinas Heart»
«The Wandering Relic»
«I Am The Impaler»
«A Coffin Unscathed»
«A Kingdom In The Land Of Shadows»
«Battling Through The Storm Lands»
«Crosses Drowned In Blood»
«Thorns For Mina»
Formación
Vlad Rituals: Voz / Guitarra / Bajo.
G.B.: Batería.
Schleim: Guitarra.
Gravelord: Guitarra .
Multimedia
Redes Sociales
Bandcamp: https://dragsholm.bandcamp.com/






