La segunda jornada del festival desata la locura en Barcelona con los aniversarios de Pestilence, Grave y Vinterland, coronada por el misticismo de los pioneros húngaros.
Si la jornada de apertura dejó el listón rozando el sobresaliente, el segundo asalto del Drums of War 2026 estaba llamado a romper todos los moldes.
El recinto Atlantic Events volvió a lucir un aspecto imponente, con una afluencia de público que evidenciaba que nos encontrábamos ante un día muy potente. La organización a cargo de la asociación Manguales volvió a demostrar su profesionalidad, manteniendo la puntualidad y un sonido que, en las bandas de death metal, alcanzó niveles de pesadez y nitidez brutales.
The Night Eternal: Elegancia y melancolía bajo el influjo de los 80
The Night Eternal se mueven con maestría en el punto exacto donde el heavy metal clásico se cruza con una vertiente más oscura e introspectiva. Inspirados por la atmósfera del metal europeo de los primeros años y una imaginería marcada por lo oculto, los germanos construyen canciones directas, contenidas e intensas, distanciándose de la grandilocuencia. Su sonido parte de las estructuras más tradicionales del género, pero destaca sobre todo por un minucioso cuidado del ambiente: tempos medios, riffs cortantes y una voz capaz de combinar melodía y amenaza para crear una constante tensión y un carácter propio muy definido.

Los encargados de abrir la veda del Heavy Metal en esta segunda jornada fueron precisamente la formación alemana, demostrando ser uno de los estandartes más firmes de la nueva ola del metal europeo. En directo, esa filosofía se tradujo en una experiencia sólida, concentrada y alejada del espectáculo fácil. Con una ejecución instrumental pulquérrima, sumergieron al público en un espacio denso donde el género se vive como atmósfera, presencia y absoluta fidelidad a una esencia atemporal.

Deathhammer: Veinte años de puro terror sónico y velocidad
Deathhammer encarnan como pocos el renacimiento del thrash metal más puro, pendenciero y violento, defendiendo a ultranza los viejos valores del género. Formados en Noruega en 2005 por Sergeant Salsten y Sadomancer, la banda se ha fraguado una reputación de hierro en la escena underground gracias a la crudeza de sus directos y a un trabajo constante plasmado en numerosos lanzamientos y seis álbumes de estudio, entre los cuales su reciente Crimson Dawn (2025) atestigua el excelente momento creativo en el que se encuentran.

La zapatilla y el macarrismo old school regresaron al festival con la descarga de los noruegos, quienes celebraban dos décadas de trayectoria con una actuación exclusiva en el Drums of War. Significando apenas su segundo concierto en España y tras muchos años de esperada ausencia, lo suyo fue un torbellino salvaje de blackened thrash/speed metal inspirado en las raíces más sucias y primitivas de los años 80.

Negative Plane: Misticismo arcano y vanguardia esotérica
Formados a principios de los años 2000 en Estados Unidos, Negative Plane han trazado un camino singular dentro del underground internacional. Alejados de los clichés habituales, la banda ha trascendido los moldes convencionales del black metal más ortodoxo al entrelazarlo con estructuras progresivas oscuras, composiciones intrincadas y una atmósfera inquietante de carácter místico. Obras seminales como Et in Saecula Saeculorum y Stained Glass Revelations se erigen como pilares de una visión esotérica donde la densidad y la elegancia sombría se entrelazan de forma magistral.

El combo desplegó su compleja amalgama sonora en un directo que se vivió como un ritual hipnótico, sombrío y ceremonial.

Pestilence: Técnica, historia y un testimonio de los antiguos
Pioneros absolutos del death metal técnico en Europa, Pestilence surgió en los Países Bajos a mediados de los años ochenta bajo el liderazgo de Patrick Mameli. Con el paso del tiempo, la banda evolucionó desde sus raíces thrash/death hasta convertirse en una referencia imprescindible del género, ejemplificando a través de una serie de obras maestras su constante progresión hacia un territorio cada vez más técnico, complejo y progresivo.

Décadas después de su formación, el grupo sigue reivindicando su valioso legado y ofreció para el Drums of War una actuación con un setlist exclusivo e irrepetible: la interpretación íntegra del legendario Testimony of the Ancients (1991), considerado una de las obras más influyentes de la historia del death metal. La fusión de técnica quirúrgica, brutalidad e innovación que redefinió el género en los noventa revivió con una fuerza insultante sobre las tablas, haciendo además un recorrido por los años más gloriosos de su carrera al recuperar piezas esenciales de sus dos primeros trabajos, Malleus Maleficarum y Consuming Impulse.

Kampfar: La imponente llamada del Pagan Black Metal noruego
Desde los gélidos bosques de Noruega, Kampfar llevan más de tres décadas forjando una de las propuestas más personales, solemnes y reconocibles de la escena extrema. Activos desde 1994 y liderados por el incombustible Dolk, los escandinavos encarnan a la perfección la esencia del black metal pagano: una fórmula que combina con maestría la crudeza del género con marcadas influencias del folk tradicional, el espíritu de la naturaleza y una profunda fuerza épica reflejada en álbumes aclamados como Mare, Kvass o Profan.

En su actuación exclusiva en el Drums of War, la banda pisó el escenario principal derrochando una autoridad incontestable. Su directo, caracterizado por un impecable equilibrio rítmico y una intensidad magistralmente controlada, conectó de inmediato con las raíces más puras del estilo. La descarga repasó desde joyas históricas de sus inicios como Mellom Skogkledde Aaser hasta la majestuosidad de su material más reciente como Ofidians Manifest.

Vinterland: El gélido y melancólico regreso de una banda de culto
Formada en Suecia en 1992, Vinterland es un auténtico pilar del black metal impregnado de un cuidado trabajo melódico. La agrupación construyó un estilo y sonido plenamente reconocibles basados en atmósferas frías y épicas que alcanzaron su cénit con el lanzamiento de Welcome My Last Chapter (1996). Tras separarse poco tiempo después de su publicación, el disco adquirió un estatus de culto supremo y un merecido reconocimiento póstumo, siendo considerado una obra fundamental, equilibrada e imprescindible dentro del género.

Su actuación supuso una oportunidad única y el debut absoluto de Vinterland en España. Tres décadas después de su fundación, y en una de sus escasas apariciones sobre las tablas, los escandinavos regresaron con tres miembros originales en sus filas para rendir tributo a su obra cumbre en el marco del 30º aniversario del álbum. La interpretación íntegra del clásico Welcome My Last Chapter fue un ritual cargado de una tristeza desgarradora y una ferocidad emocional sobrecogedora.




